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viernes, 9 de diciembre de 2011

Escala al Cielo

[Sueño bastante fantastico, me recuerda a "La divina comedia" por la descripción del infierno que veia.  ]




ESCALA AL CIELO

Tiro la toalla, creo que no me voy a acordar jamas de por que corría.
Corro, algo nos persigue, voy con un grupo de gente que ni si quiera se si conozco.
Estoy en una especie de caverna, corremos por una franja muy estrecha de tierra, en fila de tres como máximo de lo estrecha que es, pero sin un orden, corremos desesperados. Miro hacia abajo, bajo esa estrecha franja de tierra hay un mar de lava fundida y algunas estalagmitas gigantescas, en el techo de la caverna hay estalactitas. La franja de tierra que pisamos es un camino, un camino que parece formar una gran espiral, ascendemos por el hasta que se vuelve recto.
Miro hacia atrás, ¿alguien nos persigue? ¿por que corremos?
Una mujer, vestida con un vestido largo, que le llega hasta los pies, con tirantes, de seda muuy fina y blanca, con manchas de arena y tiznados negros en él, un vestido sencillo. Su pelo es rubio ondulado, con una corona de hojas como de olivo y tiene una cara angelical. Camina despacio, descalza aunque va casi a nuestro ritmo. Siento que debo correr de ella.
-Corre, corre, no la mires- me dice una de las personas con las que corro.
Aumento el ritmo de carrera y me situó el primero, ante mi se muestra la salida de la caverna. Corremos y salimos de ella, estruendos como terremotos y olas de lava quedan atrás nuestro.
El camino ahora rodea una gran montaña que se sitúa encima de la caverna. Sigue siendo igual de estrecho, si me asomo al borde no veo el fin de la montaña, solo oscuridad y lava, lava bajo la montaña, es como si estuviese suspendida encima de un montón de lava. El cielo es negro, sin estrellas. La tonalidad de lo que veo es negro-rojiza, es como si aun estuviésemos en la caverna. Finalmente llego al final del camino, un barranco, freno en seco, debajo de el solo queda el montón de lava bajo este islote de tierra del que nos encontramos, un torbellino de lava que se arremolina, la tierra llega hasta el mismísimo vórtice, en forma de una gran estalactita. Siento que esto es el infierno.
Recuerdo que llevaba tiempo corriendo, subiendo por ese camino en espiral varios pisos, cinco creo.
Ahora no se a donde ir. Aquella mujer se acerca a nosotros, su paso es lento, pero no tenemos a donde ir.
-¿Se acabo, ya no queda nada mas, esto es todo?
-No -comienza aquella mujer- arriba- dice mirando y señalando lo alto de la montaña, esta no termina en pico si no que parece tener una gran llanura, como si la hubiesen cortado- allí había un gran paraíso, con grandes casa y templos de oro, bellas cúpulas y torres de construcciones maravillosas, jardines frondosos eran su suelo alternados con manantiales cristalinos que reflejaban el brillo de sus edificios, con el aire mas puro que se puede respirar envolviéndolo todo y una paz que no perturbaba ni los estruendos de las cavernas ni los chapoteos de los ríos de lava.
Había que subir allí, a lo alto de esa montaña, las rocas tenían muchos rebordes, se podían escalar, no solo huiríamos de ella, llegaríamos a un paraíso.
-Corred, escalad- dije
Y todos salimos corriendo hacia la ladera de esa montaña y comenzamos a escalar sus escarpadas rocas, con prisa y nervios pues ella nos miraba. Con la esperanza de arriba estar a salvo de ella y disfrutar de un paraíso. Pero la cumbre estaba lejos. No la veíamos y si resbalamos o cometíamos un fallo estaríamos a su merced, no podríamos volver a escalarla.
Los pies ya los tenia sucios, llenos de arañazos y sangrando de la escalada, iba descalzo. Mi ropa toda tiznada de negro azufre, sudada y ajada. Mis manos igual que mis pieas y mi cara igual que mi ropa.
De repente veo una escalera de cuerda.
-Por aquí, escalad por aquí, hay una escalera.
Subo por ella, no se si hice bien llamándolos a que me siguieran, pues no sabia cuanto aguantaría la escalera, acelero el paso por si acaso, tengo que llegar arriba.
Ella nos sigue mirando.
Finalmente llego a la cima, a duras penas. Me tumbo en su suelo y descanso, al poco comienzan a llegar los demás, se tumban y descansan.
Me recupero y subo la mirada, para mi sorpresa no hay prados, ni jardines, ni edificios o templos dorados, ni manantiales y el aire sigue teniendo ese olor como ha azufre, pólvora y lava, cargado, que tenia abajo.
Si puedo distinguir edificios de piedra tosca destruidos, dos restos de torres una totalmente demolida hasta su mitas y otra en pie con mal aspecto, casas de piedra desquebrajadas y frías, cráteres sin agua y tierra seca, exactamente del mismo colo marrón infértil que abajo, es como construir en el cráter de un volcán. Arboles podridos decoran el paisaje, ni un atisbo de verde se ve, y aun puedo observar el tono oscuro-rojizo que da la lava.
-No, esto no es- miro alrededor, tal vez no lleguamos arriba del todo, pero no hay mas camino- ¿Y los edificios dorados? ¿Y los jardines frondosos? ¿Y el agua, el aire y la paz?
-En otro tiempo los hubo- la mujer estaba delante nuestro, le temíamos- pero los jardines se secaron, las plantas desaparecieron, los arboles no dieron fruto y murieron, el agua se seco y la poca que quedo ennegreció, y se embarro. Los edificios perdieron su brillantez dorada y se quedaron con una fachada de fria piedra que se fue desquebrajando, algunos se derrumbaron. El paisaje se volvió árido seco, pero frió, como la piedra. Muerto.
-No, no puede ser, hay que escalar mas, desde ahí veremos donde esta el paraíso.
-No veras nada.
Salgo del grupo, voy en dirección a un gran templo que se halla a pocos metros, es el edificio mas al alto que alcanzo a ver, de base cuadrada y coronado por una gran cúpula, comienzo a escalarlo entre sus grietas y llego hasta la cúpula. En todo el trascurso de la carrera todos me miran, ella también, tranquila. Ya no parece perseguirnos ni intentar atemorizarnos. Temo caerme mientras escalo, aunque ya no parece que nos vaya a hacer ningún mal. Tal vez porque ya nos acorralo.
Llego a lo alto de la cúpula, estoy cansado. La piedra es fría y mancha. La cúpula esta coronada por una especie de adorno en forma de flecha hacia arriba. Me agarro a ella, observo. Todo el paisaje es árido, destruido, seco, volcánico, polvoriento, muerto.
-No- me siento destrozado- no... -sin esperanza- no... -por mas que lo niegue es así.
-Aquí ya no hay mas vida que la vuestra- dice ella.
-¿Que vas ha hacernos?-le grito desde lo alto
-Aquí nada, este es lugar de perdón y paz, es lo único que queda, no hay vida, ni belleza, pero aquí soy paz, amor y perdón, atrás quedo todo lo malo, aquí estáis a salvo de mi.
-¿Pero sigues siendo el mismo monstruo?
-Si
-Demuéstralo.
La mujer alargo su mano y mostró sus dedos, estos comenzaron a ennegrecerse, abrió su mano y comenzó a abigarrar sus dedos y estirarlos, estos comenzaron a estirarse y a afinarse mas de lo humanamente posible, hasta alcanzas uno y dos metros, eran como finas paras de araña negras, sus uñas afiladas rasgaban la tierra.
-Vale, basta.
-Pero aquí estáis en paz conmigo.
-¿Por que este sitio es tan árido, por que no hay flores, jardines y un paraíso?-pregunto uno del grupo
-Un día- comenzó la mujer- la gente dejo de creer, dejo de creer en todo y en algo, en el paraíso, en Dios, en ellos mismos, y esta zona se fue pudriendo y muriendo poco a poco, la gente no creía que se pudiera salvar, la gente no quería creer en nada, ni tenían tiempo para pensar en por que creer. Se condenaron a pasar la eternidad aquí, en una zona árida, eterna, a salvo de los niveles inferiores, pero igual de muerta que su fe. Esto es todo lo que os queda.
-¿Y tu?-le pregunto
-Yo aquí soy la misericordia esta tierra, antaño bella, calmaba mis ansias, aun soy capaz de ver su fertilidad, la que vosotros nunca conoceréis, pero allá abajo- dijo mirando el borde de aquella llanura- no hay belleza y nadie que allí permanezca escapa de mi tortura.

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