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viernes, 9 de diciembre de 2011

Un Muro de Rosas

[Para llegar a la cima hay que hacer sacrificios, pero tal vez el mayor sacrificio se hace cuando llegar ahi es un "camino de rosas", pues es ver como nos hemos sacrifado a nosotros mismos, de la noche a la mañana... y ¿que hacemos una vez arriba?]





Un Muro De Rosas





Antonio, osea yo, un señor de unos cuarenta y cinco años, delgado, moreno de piel, aunque no oscuro no, moreno bronceado, cuerpo algo demacrado, no muy atlético la verdad y pelo canoso al que se le notaba el tiente negro, salo por lo bajo, a la altura de las orejas, que lo tenia canoso, según decía el, porque eso da un aire e elegancia y distinción. Pues este hombre, osea yo, me dirigía, toalla al rededor de la cintura, ropa doblada en un brazo y cubo y demás utensilios de baño en otra, hacia la gran bañera de caballeros de un lujoso baño publico. Uno de estos en los que hay saunas, bañeras gigantescas de aguas termales para relajarse y codearse con gente del alto “estandin”. Aunque primero, como no, iba a dejar mis cosas en la taquilla.
No recuerdo el numero de esta, el pasillo era muy largo y antes de llegar a ella recuerdo caminar mucho, los vestuarios eran blancos impolutos, con ventanas pequeñas en lo alto de las paredes, donde se juntan al techo por las que entraban el sol de la mañana, debían de ser las siete, no mucho mas. Cuanto había madrugado ese día. Las taquillas eran metálicas, con bancos entre cada dos de ellas para sentarse y cambiarse, cosa que no me hacia falta, yo ya me había desnudado, nos en donde.
Dejo la ropa en la taquilla y prosigo mi viaje.
No se que día es, pero esta todo muy desierto, estos baños suelen estar llenos de gente importante que viene a relajarse cualquier día de la semana.
Se oye el eco de mis pasos por el desierto, blanco e iluminado pasillo entre taquillas hacia la sala de baños, voy con la cabeza bien alta y paso firme, como todo un señor.
Me cruzo con uno de los guardias de seguridad que vendrá de hacer la ultima ronda, ya que es temprano, no hace mucho que han abierto los baños.
-Hola Don Antonio
-Hola Carlos, hombre
-¿Que a darse un baño de buena mañana?
-Pues claro, como tiene que ser hombre, como tiene que ser
-Bueno yo sigo con lo mio
-Venga, dale recuerdos a tu mujer de mi parte
-Lo haré, Don Antonio
    Toda esta conversación sin siquiera pararse ninguno de los dos, Antonio seguía adelante hacia su baño y Carlos en dirección contraria hacia recepción.
    Buen hombre era el tal Carlos ese, lo conocía ya desde hacia tiempo, muy trabajador si señor.
    Llego a una pared de baldosas blancas con una puerta de madera en medio, abro la puerta y entro, dentro hay una gran bañera hexagonal y duchas en las paredes. Del agua d ella bañera sale un humo, un vapor, el agua debía de estar excelente.
    Antonio sube las escaleras hacia la bañera y luego las va bajando poco a poco, en la bañera hay trancos para sentarse a menor o mayor altura. Se quita la toalla y deja esta junto con los utensilios en el borde de la bañera. Se sienta en uno de los bordillos de la bañera de tal modo que el agua le llega hasta la parte superior del tórax, sacando los brazos por fuera de la bañera agarrándose al borde de esta y estirando los pies, dejando caer haca atrás la cabeza.
    -¡Ah! Esto si que es vida Antonio... que buena esta el hago mecagüendiez – Me quedo mirando la pared que tengo enfrente, saco un cigarro del cubo donde llevo los utensilios de baño y me lo enciendo, por suerte las manos las tengo secas. Mientras me lo fumo sigo mirando la pared que tengo enfrente.
    Hay como una malla de madera que sube y sube, a la cual esta enredada un gran rosal. Jamas me había fijado en ese rosal, hermoso, de rosas rojas con los tallos muy verdes, todas enredadas y subían por toda la pared y subían, no se veía el final. El vapor del agua tapaba el techo, parecía no acabar nunca la la pared.
    Me levanto, cigarro en boca, me enrollo la toalla al rededor del la cintura y camino por la bañera, salgo de ella por otras escaleras y me acerco a la pared. Toco el rosal con cuidado para no pincharme con las espinas, pero no tiene.
    -Que nivel Antonio, que nivel, le cortan las espinas a las rosas y todo aquí, debe de ser un trabajo de negros- miro hacia arriba- con lo alto que es esto.
    Sigo mirando hacia arriba, parece no tener fin.
    Miro a mi alrededor, no hay nadie, esta desierto. Se me ocurre treparlo, simplemente por mera curiosidad de cuantos metros de pared tendrán que escalar los que lo hagan. Como no hay nadie comienzo a escalar entre las malla de madera, por suerte como las rosas están sin espinas no me clavo nada y puedo trepar relativamente rápido
    -Si me pillan trepando esto ya me inventare alguna escusa, ademas tampoco sera tan alto, ya me han allanado el camino quitando las espinas.
    Con dificultad va subiendo, Antonio es ya un hombre bastante mayor, en buena forma física aunque algo demacrado pero la edad, que no perdona.
    -”Cagüentoh” pues si que es alto este rosal- miro hacia abajo y no veo el suelo, solo una neblina, parecen nubes mas que vapor de agua, sigo subiendo.
    ….
    …....
    …........
    y sube y sube

    Empieza a temer caerse.
    -Con lo alto que debo estar ya si me caigo me abro la cabeza, bajaría, pero creo que a estas alturas es mas seguro seguir subiendo, “cagüenlaleche” a ver si ahora por tonto me voy a matar
    Sigue subiendo y eso parece no tener fin.

    Un bordillo, se ve un bordillo al final, a pocos metros, como si estuviese escalando la pared de un edificio.
    -¿Pero que demonios?- sigo subiendo, un ultimo esfuerzo.
    Subo un brazo y me agarro, luego meto una pierna. En ese momento veo que justo al lado del rosal hay como una escalera de madera pillada con clavos a la pared y cubierta de matorral.
    -Podría haber subido por ahí también, que hubiese sido mas fácil ¡leche!, bueno mejor no, que parece poco segura.
    Termino de subir, parece como si estuviera en la azotea de un edificio. Hay una puerta a un lado que seguramente da a las escaleras que conducen aquí, intento abrirla pero esta cerrada. En la azotea hay una especie de pequeño porque con columpios, de estos que te sientes y te empujan y un tobogán rojo, el suelo del parquecillo es de piedrecitas y al pisarlo me las hinco, aun voy semidesnudo.
    -¡Me “cagüentoh”! Si es que aun voy con la toalla, y esta azotea parece de prestigio, hay plantas, y césped por toda ella, hasta parque tiene ¡vamos! Una azotea de señores, pue si -Y yo en toalla, pienso, ademas aun deben de ser las siete de la mañana, con el frio que hace, no se ve desde aquí el sol, lo tapan las nubes.
    -¡Que frió que hace leche!
    Antonio se queda un momento de brazos cruzados, a paliando el frió y mirando a su alrededor la belleza de esa azote, no es solo belleza sino la importancia de haber llegado hasta ella.


    Al poco vuelve a estar en aquella azotea, pero con traje y corbata, con su mujer y sus hijos. Su mujer junto a el, con un vestido blanco estampado de flores y sus hijos, un niño de unos diez años y una niña de unos seis , jugando, el niño en el columpio y la niña sentada en las piedras jugando con sus muñecas. Antonio se lleva un cigarro a la boca y se lo enciende, su mujer lo tiene cogido del brazo.
    Es la imagen perfecta para Antonio, tiene todo lo que quería, la cima del mundo
    -Antonio, ¿no deberíamos llamar a Ramiro y los otros para mostrarles todo esto?- le pregunta su mujer.
    -No cariño, esto es para nosotros, que si viene mas gente esto se llena y piedras por aquí destrozos por allá... -No, no esto es para nosotros, ¡vamos! con lo que me ha costado llegar.
    -Pues sigo pensando que deberías llamarlos.
    -Ya los llamare... tu ahora disfruta.
      Antonio suelta el brazo de su mujer y se va a dar un paseo, se sienta en un banco mientras ve como esta juega con sus hijos en el parquecillo. Contempla todo lo que tiene. Poco a poco va pasando el día. Se acerca al rosal, las rosas siguen sin espinas, tan bellas como siempre. No ve el final del rosal por mucho que mire abajo.
      -Y pensar que por aquí trepe yo, que duro fue y que rápido lo conseguí... si el que vale...
      Ya es hora de comer, su mujer a montado un picnic en el césped para toda la familia, los niños comen, juegan, esta el típico tapete de cuadros rojos y blancos y la cesta de mimbre, Antonio aun con su traje, no se lo quita ni para comer en el césped, como un señor.
        -Esto si es vida- dice este mientras descorcha una botella de vino y le echa una copa a su mujer y otra a el, ve a sus hijos correr y jugar un rato, le da un beso a su mujer y después de terminarse el vino se va a dar un paseo por el resto de la azotea. Va fumando y contemplando el paisaje. Se va haciendo tarde ya debe de ser mas de medio día así que vuelve con su mujer.

        El picnic ya esta recogido los niños siguen jugando pero con menos entusiasmo. Se acerca a su mujer y la besa por detrás.
        -Que te pasa mujer, ¿es que estas triste?
        -No, no es eso es... ¡mira!
          Antonio estaba de espaldas a la puerta de la azotea y al rosal, se dio media vuelta y vio como caras conocidas asomaban, unas trepando por las escaleras poco seguras, otras por el rosal y otras pasando simplemente por la puerta.
          -Hombre pero como vosotros por aquí -Digo forzando una sonrisa y acercándome a ellos con los brazos abiertos.- No me hace mucha gracia, van todos en camisa y pantalón vulgar algunos hasta sucios, a ver si van a ver subir aquí a gente así...
          -Como nosotros por aquí, Antonio... como nosotros por aquí... -dice uno.
          -Mira que no decirnos nada eh... ni invitarnos siquiera.
          -¿que dices de invitarnos siquiera?, Curro, ni comunicarnos la noticia
          -¡Ni agradecer a quien le poda las espinas del rosal!- dijo uno muy mugriento
          -Me parece mentira Antonio, tantos años de amistad y aquí me tienes, sabe Dios por que me he enterado yo y no ha sido por tus labios – todo con tono de mosqueo
          -Perdona Curro, hombre,- muy relajado intentado darle un abrazo que Curro rechaza- pensaba decirlo pero llevo aquí “nah y menos” como aquel que dice- Digo intentando disculparme.
          -”Nah y menos”... “Nah y menos” sinvergüenza... ni que llevaras aquí cinco años habrias llamado
          -Dejalo Curro, ¡dejalo! Si es que subir tan alta hace que no te riegue la cabeza bien, cosa de la altura curro, la altura. -dice otro.
          -Que no de verdad que no, que sois unos mal pensados ¡coño!
          -Ya, bien guardada tienes tu antigua ropa en la taquilla ¡eh! Perdida llave para que ni se te ocurra volver por ella ¡eh!
          -¿Que ropa me hablas? ¿que me estas contando Curro?- Lo que tiene es celos y se lo voy a acabar soltando a este paso.
          -Que de que hablo... de la ropa, que la dejaste escondida, la ropa de plebeyo escondida en Dios sabe que taquilla, porque tu aquí subiste en bolas Antonio, en bolas y una vez llegaste ya estabas en traje, mucho que agradecer tienes.
          -¿Agradecer a quien? Curro, hombre ya, ¡que yo lo que tengo es porque me lo he ganado! -Digo esto a viva voz para que se entere todo el mundo, el sudor de mi frente no me lo quita nadie- que tu lo que tienes es envidia Curro, envidia, que ni un felicidades te he oído decir hasta ahora
          -Ni un felicidades- su tono cada vez es mas despectivo, Curro mira a Antonio de arriba a abajo con cara de asco- porque lo que quieres no es felicidades, es que nos vayamos y no te ensuciemos mas el jardín de tu azotea, ahora que eso haremos – retrocede unos pasos- ahí te quedas “Don Antonio” que nuestra mierda no ensucie “tu azotea”- pega media vuelta y se va.

          Unos bajan por las escaleras a las que da la puerta, otros bajan por el rosal y los últimos por la escalinata de madera de aspecto poco seguro, pero todos se van, dejando a Antonio y su familia allí plantados en medio de ese gran jardín con enormes muros de flores y un parque. Antonio camina sin rumbo encendiéndose otro cigarro. Su mujer no le acompaña y los niños aun juegan en el parque pero sin ánimos después de aquella escena. Ya es mas que tarde, empieza a refrescar y al sol le queda poco para ponerse, el cielo se vuelve de una tonalidad gris-azul oscuro.

          Mis antiguos camaradas y conocidos se han ido, han venido hasta aquí tan solo a recordarme que yo empece siendo un don nadie, envidia es lo que tienen, porque hasta aquí podrían haber llegado ellos, pero como son unos “papanatas” incultos que no se han molestado en ascender pues claro. Y no, no hay resignación para ellos, son peores que el perro del hortelano...

          De repente veo a mis hijos con cara triste, el mayor ya no se eleva tanto como antes en el columpio, parece mas bien que solo se mece y la pequeña a dejado de lado sus muñecas para apilar piedrecitas.

          -¿Y vosotros que? ¿Se puede saber que carajo os pasa? - les digo.
          -Me aburro -responde el mayor.
          -Pero como te vas a aburrir, hombre... como te vas a aburrir teniendo ese pedazo de tobogán y ese columpio y estando en un jardín tan bonito como este
          -Ya... pero yo quiero estar con Jose
          -Pues ya se vendrá algún día
          -No porque el no le gustan los sitios altos... - siempre mirando al suelo y balanceándose levemente- ademas después de como se ha ido su padre no querrá volver
          -Mira con su padre ya hablare yo que se lo que tengo que decir
          -Tu ya has hablado mucho...
          En ese momento Antonio le cruza la cara a su hijo, todo se queda en silencio, sin manifestar el arrepentimiento que siente por el acto se acerca a su hija.

          -Y a ti, ¿se puede saber que te pasa a ti?
          -Me gustaba mas la arena del otro parque.. esta es muy grande
          -Porque esto son piedras, mas grandes que la arena, para gente como tu, grande
          La arena es mas cómoda para sentarse y hacer castillos,- dice la niña sin mirar al padre- aquí si te caes duele
          -Claro que si te caes duele...
          La niña se levanta y se va con su madre, el mayor igual, se baja del columpio y va con ella. Antonio se gira y ve a su mujer con sus dos hijos abrazados.
          -Antonio... esto no es lo que queríamos
          Que no es lo que queríamos ¡joder!- toda la conversación fue a gritos, los niños se tapaban los oídos- Estamos en lo mas alto, mas alto ya no se puede subir, con lo que ha costado llegar hasta aquí.
          ¿Y eso lo tenemos que paga nosotros? Tu decidiste subir hasta aquí y no mientas Antonio, para ti a sido poco mas que un camino de rosas.
          Pues si tan bien estabais ahí abajo, ¡bajad!, bajad y así sabréis la diferencia que hay.
          Tus hijos y yo nos volvemos tu puedes quedarte.- tras decir eso se dio la vuelta y salio por la puerta dando un sonoro portazo.
            Antonio se quedo solo, mirando el crepúsculo, dando la espalda a su familia que se acababa de ir y dándole una larga calada a su cigarro.
            -Ya volverán ya, ni una hora aguantaran.
            Comienza a oscurecer, y a hacer frió. Antonio esta en una esquina de la azotea, acurrucado resguardándose. Los columpios se mecen por el viento que resopla.

            Volverán, enseguida volverán.

            Las luces de la ciudad iluminan tenuemente la escena desde abajo y unas farolillas colgadas de las esquinas de la azotea le dan algo de visibilidad a Antonio para ver como nadie va a venir.

            Comienza a tronar, se ve la luz de la luna llena en el cielo, de vez en cuando la tapan unas nubes por la mitad, pero siempre tiene parte visible. Antonio sigue acurrucado, fumando, es lo único que le calienta, la llama del cigarrillo. Comienza a llover.
            Caen unas cuantas gotas, poco a poco va aumentando la llovizna, se oyen truenos y de repente esta cayendo un chaparrón, el césped mojado entero, los columpios mojados toda la azotea empieza a inundarse, al poco ya hay un dedo de agua. Antonio se empapa en la esquina, con el cigarro apagado por la lluvia, acurrucado cual perro.

            Aquí no va a venir nadie-piensa – me he quedado solo...

            Se levanta y comienza a andar por ahí.

            Esto es por lo que he luchado, por lo que he escalado y trabajado.

            Una azotea embarrada, con unos columpios fríos y metálicos, desierto, inundado e inundándose poco a poco y solitario, muy solitario.

            -Esto no es lo que yo quería, no señor -dice Antonio tirando el cigarro mojado al suelo. El traje empapado parecían arrapos – no quiero estar aquí, esto no es lo que yo quería.
              Tengo unas ganas locas de salir de ahí de volver con mi familia, mis amigos, estoy en un lugar que no merezco, que no se porque estoy ahí y estoy sufriendo arriba lo que no sufrí para llegar. ¡Pues no!

              Corro hacia la puerta de la azotea e intento abrirla, no se abre por mas que hago fuerza no se abre, ¡Mierda!. La pateo, la golpeo, pero nada

              -¡Abridme de una maldita vez, coño! ¡Abrid! -No había nadie... y eso no se abriría...

              Corro hacia el rosal, pensando en bajar por el, pero me pincho.
              -¿Que demonios?- dice Antonio mientras se mira el dedo con una espina clavada- ¿pero cuando coño les han salido espinas a las rosas?
              No puedo bajar por aquí, y la escalera esa... -pensó mirando la escalinata de madera.

              Antonio intento llegar a ella, descendiendo un poco entre el rosal y clavándose todas las espinas que se encontraba, estiro la pierna para llegar a ella, apoyo la pierna en esta y empezó a tambalearse

              -¡Mierda, esto se cae!

              Rápidamente se volvió a colgar del rosal y lo trepo un poco hasta estar en la azotea que cada vez estaba mas encharcada, el agua se le metía en los zapatos, tenia la ropa hecha unos trapas, desgarrada por las espinas y mojada.
              Antonio echo a llorar.

              -Joder... joder...

              No sabia articular palabra, se acurruco en la esquina entre la puerta de la azotea y el rosal por el que trepo y pensó en todo lo que no tenia, en todo por lo que había cambiado aquella azotea y soledad, llorando empapándose, sangrando por las manos y demás sitios en los que se había pinchado. Acurrucado de nuevo como un perro, lamentándose de todo y de si mismo... toda la noche.

              Perro
              Traidor
              Mal amigo
              Egoísta
              Decepcionante
              Deprimente
              Ignorante
              Enchufado

              -Yo no quiero estar aquí, ¡Yo no quiero estar aquí!
              …..

              Se repite eso

              ….....

              Toda la noche.

              Empieza a amanecer. El sol asoma por encima del edificio y hace que el jardín resplandezca, uno de los rayos le da a Antonio el los ojos despertándolo- se había quedado dormido, acurrucado en la esquina. Esta empapado, pero el resto del jardín sigue estando como cuando llego la primera vez, seco y frondoso, esperando a que pase el día allí con su familia, como una voz que le incita a quedarse y disfrutar de esa belleza.

              Antonio no se lo piensa dos veces, se va hacia el rosal apenado, lo toca.

              Ya no pincha... ya no pincha... ¡no tiene espinas!.

              Efectivamente, todas las espinas del rosal habían desaparecido.

              E de bajar, rápido, antes de que vuelva a oscurecer y resurjan las espinas.

              Antonio se empieza a colgar del rosal y de la malla de madera que lo sostiene y con cuidado empieza a bajar, echándole un ultimo vistazo a ese hermoso y engañoso jardín que le ha tenido preso.
              Poco a poco Antonio... hombre hay esta la escalera de madera -dice mirando hacia su izquierda – no, mejor seguir por donde he venido que eso... a saber cuanto aguanta.
              Va bajando y bajando, pero parece no acabarse nunca el rosal
              -No lo recordaba tan alto, por Dios...

              Baja

              Baja

              Baja

              Pensando en su familia y en todo lo que perdió sabiendo que no lo recuperara y pensando que ya queda menos

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