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martes, 13 de marzo de 2012

25º Capítulo: "Los muertos se escapan" [Diario de los muertos]


El resto de la huida fue, si cabe, más rápido aun. Yo me encontraba en el suelo. Me levanté, viendo como los soldados empezaban a entrar dentro de la cerca, con todo ese enjambre de cadáveres corriendo desquiciados. Tiros volando por los aires, ruido de los rifles, gritos de los soldados y de los míos… Al principio solo se me ocurrió acurrucarme en el suelo y taparme los oídos, pero así no duraría mucho
“Corred a los barracones”

Me vino a la cabeza el grito de aquel tipo, no vi nada más lógico en ese momento.
Me levanté, y en cuánto estuve a gatas comencé a avanzar. No había tiempo de levantarse entero, necesitaba avanzar, necesitaba estar dentro del barracón. Aunque algo me decía que esta vez ni estar ahí dentro me salvaría… esta vez era la definitiva… no dejarían ninguno vivo, no se arriesgarían. Pero no me quedaba otra.
Un tiro me rozo por la pierna, no se si me dio o no pero solo de pensar que me podría haber dado me caí al suelo, me arrastre mientras me levantaba y cuando estaba ya casi levantado del todo  volví a caer por un tropiezo.  Seguí a gatas.
Ahora sé que ese tiro no me dio… no tengo agujero en la pierna por él. Pero en ese momento fue como si de verdad me hubiesen disparado, el miedo creo ese dolor de la nada, de una bala que probablemente cayó diez centímetros más a la derecha de mi pierna diestra…
Cuando estaba apunto de llegar al remolque un sonido me paró, a mí y a todos, muertos y soldados, e hizo temblar hasta las piedras. Era una bocina, una bocina de un camión. Cerca mio escuche un – ¿Pero que coño…?- seguramente proveniente de un soldado.
Tan brusco como un tronco de  árbol  rueda colina abajo, el morro del camión entró en la base, advirtiendo con su bocina para que le abrieran paso y fue a frenar situando la cabina justamente donde antes estaba el remolque al que intentaba llegar, el cual salió despedido. Del impacto que me llevé al verlo retrocedí alarmado.
Al segundo, otro camión entró también en la cerca. Miré hacia atrás. Con su entrada se había llevado a un gran número de los soldados que acababan de pasar a dentro de nuestra gran parcela de encarcelado. De este modo quedó cada camión en una zona, uno en la zona más al norte de nuestra prisión y otro en la zona más al sur. Vi que el camión que se había parado  delante de mí bajaba la ventanilla, la cara de Amador salía detrás del cristal.
-¡Sube Vicente rápido!
Fénix se bajó veloz y abrió las puertas traseras del camión. Le tomo prestado el rifle a uno de los soldados que el camión se había llevado por delante y al grito de “Todos adentro” disparó una ráfaga de cuatro o cinco balas al aire.
Todos reaccionaron rápido, los que estaban cerca corrieron a refugiarse dentro del camión. Entre tanto los otros cuatro coches habían entrado.
Fui a subirme al camión, pero mientras lo rodeaba para llegar al remolque una ráfaga de balas salió de la nada. Retrocedí y caí al suelo. En un segundo teníamos ya a toda la base ahí… y eran muchos. Salían del resto de tiendas, barracones y de todas partes, aproximándose a nuestra posición
Pude ver como Huesos se subía a uno de los coches con ametralladora y fregaba a todos los que se acercaban, mientras otro le sostenía las balas y le cargaba. Goliat había dejado los mandos de su coche a cualquiera y se había subido a disparar y Seller exactamente igual con el lanzagranadas. Eso mantenía a raya a los nuevos militares que venían a “ayudar”. Sin embargo entre nosotros había muchos soldados y con el barullo era imposible atinar con ellos, los tiros salían por doquier. El miedo imperaba en aquella huida, por su parte y por la nuestra.
Tirado aun en el suelo veía como muchos caían, le dieron a Goliat o a Huesos pues una de las ametralladoras se quedó sola.
Fénix se dedicó a disparar a cuánto soldado veía, sin tapujos, al grito de “vamos adentro coño”.
Aun así todo sucedió muy rápido. Me levanté, pero entre empujones fui a parar a los neumáticos del cuatro por cuatro, que solo estaba unos metros más hacia la izquierda. El tipo que había en él subido me tendió la mano para levantarme.
-Vamos sube, nos vamos- me dijo. El coche iba bastante cargado. De ahí que el viaje fuese muy apretado. Pero sentado en los asientos traseros, con las piernas casi cruzadas apoyé mis folios y me dedique a escribir en algunos momentos del viaje… creo que el viaje duro apenas una o dos horas…

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